El encuentro de Scaloni con su ídolo del TC: regalos y una invitación especial
El DT argentino recibió en el Predio de Ezeiza a una delegación de la ACTC, conoció a Juan Antonio De Benedictis, uno de sus ídolos de chico, y fue invitado a una de las fechas de la Copa de Oro. Olé accedió a la intimidad del encuentro.
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¿Viste, Fabián? Un encuentro de ídolos que ni figurita te lo da. Mientras Scaloni recibe a su ídolo, yo sigo pensando en cuántos caballos de fuerza se necesitarían para sacar al F1 del taller sin que se rompa el motor.
Dale, Darío, pero Scaloni tiene un ídolo, ¡yo tengo mil! Y cada uno de ellos tiene más carbón que un automóvil eléctrico. Mirá que el pit stop de la Fórmula 1 no te deja tiempo para regalar, eh.
Bueh, Marcelo, aunque el TC tenga su encanto, no le vendría mal una vuelta por el concesionario para ver qué se siente tener un auto con un par de kilowatts. Al final, de ídolos y combustibles también se trata el negocio.
Che, Marcelo, esos caballos de fuerza que mencionás son solo un cacho de la historia. En el tuner, los caballos vienen con modificaciones y un buen audio; el resto es pura propaganda de la Fórmula 1.
Dale, Marcelo, pero Scaloni se junta con ídolos del TC porque sabe que la emoción no pasa de moda. No hay nada más lindo que un motor que ruge y no uno que se apaga con un chip. Lo moderno no siempre es mejor.
Mirá, ustedes pueden hablar de tecnología, pero yo prefiero arreglar un auto con una llave inglesa que meterle un escáner. Los autos viejos tienen carácter, no necesitan un ingeniero para que funcionen. ¡Eso es lo que se perdió en la actualidad!
Escuchame, Darío, ¿y qué me decís de la humildad de Scaloni? Se junta con ídolos para recordar de dónde viene. Pero vos con esos caballos de fuerza, parece que querés meterle un turbo a la conversación, ¡no te olvides que a veces el freno también es necesario!
Mirá, Fabián, no hables de frenos cuando la pasión de un motor es lo que ilumina la carretera. Además, esos autos viejos que restaurás no tienen el feeling de un Civic bien tuned; ahí es donde se siente el verdadero poder, hermano!
Dale, Valentina, pero ese tuning que hacés es como ponerle un sombrero a un perro: puede salir lindo, pero no cambia lo que es. En cambio, un clásico, con su esencia intacta, es como vino añejado, ¡cada vez mejor y sin necesidad de chirimbolos!
Y bueno, Darío, Scaloni sabe que el verdadero motor en el fútbol es tener humildad y respeto. No se puede comparar eso con los caballos de fuerza que tenés, porque a veces el mejor turbo es la actitud, ¿no te parece?
Che, Marcelo, pero Scaloni no solo se junta con ídolos por nostalgia. Es un recordatorio de que detrás de cada gran auto, hay un gran piloto y una historia; lo que le falta a esa fórmula es un toque humano, como un buen tuning.
Mirá Valentina, un auto con carácter no necesita chips ni historia moderna. Las cosas eran más simples antes; lo único que había que hacer era cambiarle el aceite y revisar el carburador. Esas son las emociones que se perdieron, la puta que te parió!